miércoles, 24 de agosto de 2011

y tu......¿Cocinas?





“Profesor……dice mi mamá que si yo estudio, cuando sea grande no tendré que cocinar porque podré pagar a alguien para que lo haga por mí, porque…también dice mi mamá que……………”..
Luego me pareció que la voz de aquella pequeña niña se iba perdiendo con esa pueril suavidad característica de los que tienen recién 8 años de edad.
Se perdía el acento , la tonalidad y el volúmen de su voz..porque mis pensamientos quedaron cautivos de la oración inicial….y me preguntaba, ¿ desde cuándo habrá comenzado a ser la cocina un lugar indeseado por algunas personas, al punto de encontrar en los estudios el medio de manumisión?
Hubiera querido decirle lo que escribo hoy… contarle parte de mis pensamientos…relatarle que desde mis incipientes años, fue la cocina un lugar de profundos encuentros, era ella, la antesala de eternas reuniones de vida, donde mi familia nutría no solo el cuerpo, sino el alma. Ciertamente, porque era ahí donde confluían emociones, sentimientos, colores, sabores, olores, texturas, formas, que constituían la base de un exquisito plato de sobrecogedora unidad. Salsas de ideas con tiempos que parecían eternos de conversas horneadas al calor de risas y bromas, aunque de tanto en tanto, nos tocaba beber el agrio sabor de alguna tristeza, acompañada de la acongojante música de algún suspiro del corazón.
Desde muy temprana edad, hubimos de aprender a cocinar mis hermanos y yo, porque mi madre tuvo que dejar de hacerlo, no por haberlo querido, sino por imposición de una invalidante enfermedad, desde entonces fuimos la prolongación de sus manos, a través de las cuales ella cocinaba, dirigiendo cada uno de nuestros movimientos, siguiendo rígidamente sus instrucciones, día a día nos fuimos imbuyendo de esos olores a sazón, a fritura de especias y especies que aromatizaban el momento, y las veces que osamos aventurar en modificar a nuestro antojo alguna de sus recetas, sufrimos los regaños de quien había sido la cocinera oficial de la familia por años.
Esa cocina de prolíficos momentos y perennes recuerdos de mi niñez y juventud, fueron la matriz del gusto por el bien cocinar que ha presidido mi vida.

Porque es la cocina para mí, infinitamente más que solo mezclar ingredientes que habrán de ir a para al estómago de comensales, que buscan nutrir el cuerpo. Definitivamente, mi naturaleza se resiste a tipificar la maravilla de cocinar como un hacer comida, aunque en el más estricto rigor eso sea, el profundo sentido se develará según se devele lo más intrínseco de nuestra esencia.

Preparar con manos propias, materia prima que se convertirá en delicias que explosarán en una cromática pirotecnia de sabores, que ensalzaran lo que sea que creas, pienses o sientas, que sacudirá recuerdos de momentos incubados, mucho de los cuales quizás creías olvidados, es como una regresión hipnótica de degustación que rescataran de ti momentos dormidos, pero esta fiesta comienza mucho…mucho …antes, incluso antes de ese momento cuando ella cocina alguna sorpresa sonriendo entre una mezcla de candorosa sensualidad, como insinuando que el plato fuerte no habrá de ser el que yacerá sobre la mesa…..comienza incluso antes del momento en que ella cocina mientras le recitas un poema al oído o acercas una silla y te sientas a cantarle con tu guitarra aquellas canciones tuyas o ajenas que ella gusta de escuchar, comienza antes de cuando están comprando los ingredientes para iniciar la experiencia de crear el almuerzo o la cena o alguna suerte de piqueo, en fin…esto creo yo, comienza cuando aprendemos que la cocina somos ambos, somos todos, que no puede estar disasociado el ingrediente de la tierra del ingrediente del alma, que no es la boca ni el estómago para quien se cocina, es para una ser humano que siente, que cree y crea, que sueña y que por sobre todo, vive en un universo eminentemente sensitivo. Quizás desde antes de mis recuerdos entendí la gastronomía como parte de un todo integrado, donde se conjuga el sabor, el color, el olor, con las luces, con las formas, donde no cabe excluir el sonido del ambiente, ni la sobrecogedora voz de las palabras, donde tú eres yo y yo soy tu, donde la más sublime apología de los sentidos encuentra el eco en un platillo ..que tuvo su origen en algún huerto, o alguna fracción del mar, o tal vez en algún criadero, y que, como una ópera o una clásica y fina pieza musical, reposa frente a ti invitándote a ser uno, y convertirte en el condimento principal de este hermoso alimento universal, que el gourmet sempiterno y omnipotente cocina lentamente con el fuego del amor.


Y al final, la niña me pregunta con cándida inquisición, textual: ….y tú…………...¿cocinas?



Boris